Cerrar

CIPCA Notas

Escenarios climáticos extremos en Bolivia ¿Cuáles son los riesgos para la agricultura familiar en la Amazonía?

Escenarios climáticos extremos en Bolivia ¿Cuáles son los riesgos para la agricultura familiar en la Amazonía?

Autor: Jean Carla Rivero - CIPCA Regional Norte Amazónico
Fecha: 20/03/2026

Contexto y antecedentes

El país atraviesa un escenario climático marcado por extremos: en las regiones de valles y altiplano, comunidades campesinas enfrentan un déficit hídrico y sequía; en la Amazonía norte, particularmente en Pando y el norte de Beni, presentan condiciones de alta humedad, ascenso de ríos y riesgo de desbordes. En este contexto, se evidencia que los efectos de la variabilidad climática no se expresan de manera homogénea en el país y que la prevención, la adaptación y la gestión de riesgos deben responder a realidades territoriales diferenciadas.

El marco normativo nacional, como la Ley N.º 602 de Gestión de Riesgos, orientada a la prevención y atención de desastres, y distintas estrategias de adaptación y cambio climático son algunos avances importantes para proteger la vida y reducir el impacto de desastres; sin embargo, persisten brechas entre la normativa y su implementación efectiva, especialmente en comunidades campesinas e indígenas, donde la capacidad institucional, técnica y presupuestaria suele ser limitada. Este comportamiento del clima nos insta a reflexionar sobre la coherencia de las políticas públicas, la capacidad de prevención frente a desastres que vienen siendo asumidas en los diferentes niveles de gobierno.

A ello se suma un debate político reciente en el que han cobrado fuerza propuestas que priorizan el crecimiento del sector agropecuario y agroindustrial como eje del desarrollo económico. Si bien estas visiones buscan dinamizar la producción, también existe el riesgo de relegar la agenda de adaptación climática y gestión preventiva de riesgos en territorios altamente vulnerables como la Amazonía, la Chiquitania y el Pantanal. En un contexto de extremos, cada vez más frecuentes, fortalecer la prevención ya no debería verse como un tema secundario, sino como parte central de cualquier propuesta de desarrollo sostenible.

Este año, la Amazonía boliviana ingresa a un escenario climático particularmente dinámico, situación que responde, en gran medida, a los efectos acumulados de la prolongada sequía ocurrida en 2025, que debilitó fuentes de agua, afectó sistemas productivos y generó estrés hídrico en numerosas comunidades campesinas e indígenas. Estas condiciones merecen prestar mayor atención a las acciones de preparación y anticipación frente a probables eventos climáticos adversos.

Esta transición expresa el paso de una etapa de sequía y lluvias débiles durante 2025 hacia un escenario de temperaturas diferenciadas y alto riesgo hidrológico para este año. Esta lectura se sustenta en el cambio de fase del fenómeno La Niña, presente desde agosto de 2025, a la fase “neutral” prevista entre marzo y mayo de 2026. Sin embargo, la fase neutral no significa retorno a la normalidad; al contrario, puede estar acompañada por lluvias intensas, especialmente en la región amazónica, y por una dinámica climática inestable que exige vigilancia permanente.
De acuerdo con observaciones difundidas por el Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (CIIFEN) y la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA), La Niña se encuentra en sus últimas semanas, mientras los modelos oceánicos anticipan un calentamiento progresivo del Pacífico hacia mediados de 2026. Este comportamiento podría derivar en un nuevo episodio de El Niño entre agosto y octubre de este año, con posibles efectos sobre el siguiente ciclo de lluvias en Bolivia, previsto entre noviembre de 2026 y marzo de 2027. En otras palabras, el país se encuentra en una transición entre extremos, y la Amazonía norte es uno de los territorios donde esa transición puede expresarse con mayor intensidad.

De la sequía al riesgo de inundaciones

La experiencia reciente de la Amazonía boliviana confirma que la variabilidad climática puede cambiar rápidamente de forma. Durante 2025, el fenómeno La Niña trajo pocos días de lluvia y presencia de sequía en varias comunidades, especialmente del norte de La Paz, Pando y el norte de Beni. El SENAMHI y el Viceministerio de Defensa Civil reportaron que entre agosto y diciembre de 2025 se presentó un escenario de sequía débil a moderada que se extendió por la Amazonía, las Llanuras y la Chiquitania, afectando cuencas como las de los ríos Beni, Madre de Dios y Abuná. Sectores dedicados a la pesca, el transporte fluvial y la agricultura sintieron con fuerza la falta de agua.

El río Orthon nace de la confluencia de los ríos Tahuamanu y Manuripi, el río Tahuamanu que tiene sus cabeceras en la región peruana donde las lluvias que se registran en la provincia de Madre de Dios se convierten en creciente en el departamento de Pando; sus crecidas de nivel tienen implicaciones en las comunidades del municipio de Puerto Rico y las comunidades ribereñas aguas abajo hasta su desembocadura en el río Beni, cerca del municipio de Riberalta.


El río Abuná, que forma parte de la frontera entre Bolivia y Brasil, y sus afluentes, como el río Chipamanu y Caramanu, son afectados por la dinámica climática regional; las crecidas en esta cuenca afectan a las poblaciones de los municipios como Santa Rosa del Abuná y las comunidades del norte de Pando.

Hoy, mientras las comunidades aún se recuperan de ese estrés hídrico, se enciende una nueva alerta: las próximas semanas son propicias para inundaciones en la Amazonía y las llanuras bolivianas. Las lluvias intensas previstas para la región amazónica, sumadas a la recuperación acelerada de caudales y al estado de humedad de los suelos, elevan la probabilidad de ascensos de ríos, desbordes e inundaciones. Esto muestra que el problema no es únicamente la falta de lluvia o el exceso de lluvia por separado, sino la velocidad con la que los territorios pasan de un extremo al otro.

El estado del suelo y sus implicaciones

Entre enero y marzo de 2026 se observa una marcada diferencia entre regiones de la misma Amazonía: en algunas zonas existe exceso hídrico, especialmente en el noreste amazónico; en otras persisten condiciones de suelo seco, sobre todo al sur y suroeste de la Amazonía, en áreas puntuales de las Llanuras-Sabanas y en el sur del Chaco. A la vez, gran parte de la Amazonía, las Llanuras-Sabanas, la Chiquitania y el Chaco presentan suelos húmedos, lo que confirma un proceso de saturación hídrica que, de continuar las lluvias, puede derivar en inundaciones.

Este aspecto es clave para comprender el escenario actual. Cuando los suelos vienen de una etapa seca o se encuentran degradados por cambios de uso del suelo, no siempre logran absorber de manera gradual lluvias intensas. En esos casos aumenta la escorrentía superficial, el arrastre de sedimentos y la subida rápida de los ríos. Por eso, el riesgo hidrológico actual no depende solo de cuánta lluvia cae, sino también del estado de los suelos, de la cobertura vegetal y de la capacidad del territorio para regular el agua.


Las temperaturas en la Amazonía y su afectación en los territorios
 
En este periodo, la atención está puesta en el crecimiento de los ríos; la información agroclimática indica que la variable térmica también está golpeando a la Amazonía. Para el mes de febrero de 2026, se han registrado temperaturas máximas dentro de los promedios normales en gran parte de la región, y para el mes de marzo de 2026 se prevé un comportamiento diferenciado, pero con un detalle crucial: un escenario de alta humedad y suelos saturados, lo que significa que cualquier incremento térmico será un factor de estrés adicional para los cultivos y la salud de las familias. En esta línea, el incremento de las enfermedades respiratorias por el cambio de clima se hace más probable, afectando a la salud de las personas por infecciones respiratorias agudas (IRAS), que por lo general son más frecuentes en niñas/os y adultas/os mayores.

La combinación de lluvias intensas y temperaturas elevadas en la Amazonía genera condiciones altamente favorables para la proliferación de hongos, plagas y enfermedades en los cultivos, tal como advierte el Instituto del Seguro Agrario en sus recomendaciones técnicas (INSA, 2023). En este contexto, cultivos estratégicos como la castaña, el copoazú, la yuca, el arroz y el plátano, que constituyen la base de la alimentación y la economía familiar en los departamentos del norte de La Paz, Pando y Beni, se vuelven más vulnerables. En lo local, especialmente en Santa Rosa del Abuna, se están registrando casos de sistemas productivos familiares, tradicionalmente estables y resilientes, que están siendo afectados por enfermedades que derivan en pérdidas totales de producción.

La información agroclimática para el trimestre de febrero, marzo y abril de 2026 del SENAMHI indica que el comportamiento de las temperaturas será un factor determinante para el territorio nacional y especialmente para la Amazonia. La proyección de los valores de las temperaturas máximas para el mes de marzo de 2026 se encontrará por debajo de lo normal en gran parte de la Amazonia, Yungas y Chapare; esto significa que, en comparación con el promedio histórico de 1991–2020, las tardes se marcarán ligeramente más frescas en regiones como el norte.
   
Frente a este escenario climático, ¿Qué riesgos enfrenta la agricultura familiar en la Amazonía? 

El actual escenario climático representa un riesgo latente para la agricultura familiar y para los medios de vida de las comunidades amazónicas. Las familias vienen de meses de estrés hídrico por la falta de lluvias y el déficit de agua, situación que ya afectó la producción de cultivos tradicionales como yuca, plátano y maíz. Sobre esa base frágil, los primeros eventos de lluvia intensa de enero a marzo de 2026 generan arrastre de sedimentos, deslizamientos de barrancos y un rápido aumento de los niveles de los ríos. 

Además, la combinación de lluvias persistentes, temperaturas por debajo del promedio y suelos saturados puede alterar los ciclos de maduración de cultivos como arroz y plátano, e incrementar la incidencia de enfermedades fúngicas en sistemas productivos como café y cacao, tanto en Yungas y el norte de La Paz como en la Amazonía boliviana. Este escenario puede repercutir en la seguridad alimentaria, la economía familiar y la estabilidad de los calendarios productivos. 

Los impactos también se extienden al transporte, la conectividad y la vida cotidiana. La crecida de ríos puede dificultar el transporte fluvial; también puede interrumpir la transitabilidad de caminos, como está aconteciendo desde semanas atrás en Pando. En territorios donde el acceso a mercados, servicios de salud y educación ya es limitado, estos eventos agravan las desigualdades existentes y elevan la vulnerabilidad social.



Estado: camino interdepartamental, municipio de Gonzalo Moreno, departamento Pando, febrero 2026. 

Los reportes de sequía observados por el SENAMHI y otras instancias también destacan un fenómeno importante: la influencia de intervenciones antrópicas que modifican la dinámica natural del escurrimiento, almacenamiento y regulación hídrica en las cuencas. Esto significa que la deforestación, los chaqueos y la pérdida de cobertura vegetal no solo degradan el territorio, sino que alteran su capacidad de absorber y regular el agua. De esta forma, lo que antes ya era un factor de degradación ambiental, hoy se convierte en un multiplicador del riesgo por inundaciones y desbordes de ríos. 

En suelos compactados y desprotegidos, las lluvias intensas tienden a producir escorrentía rápida, arrastre de sedimentos y crecidas repentinas. Por ello, la actual vulnerabilidad no puede explicarse únicamente por los fenómenos climáticos; también debe entenderse en relación con los procesos de transformación del paisaje y con decisiones productivas que debilitan la resiliencia ecológica de los territorios amazónicos. 

El actual escenario climático exige pasar de la reacción a la prevención. No basta con responder cuando ya se producen inundaciones o pérdidas productivas; se requiere fortalecer capacidades locales para anticiparse, monitorear riesgos y actuar con mayor oportunidad. Esto implica no solo mejorar los sistemas de alerta y la articulación institucional, sino también reconocer el papel de las organizaciones territoriales, las comunidades y los gobiernos locales en la construcción de respuestas más resilientes.

En la Amazonía boliviana, donde los extremos climáticos se combinan con vulnerabilidades estructurales y presiones crecientes sobre el bosque y el agua, la prevención debe ser parte central de la agenda pública. Fortalecer la adaptación al cambio climático, proteger la cobertura vegetal, mejorar la gestión territorial y reducir la exposición de las familias rurales frente a sequías e inundaciones son tareas urgentes para contribuir a la justicia ambiental en las comunidades de la amazonía.

Desde el CIPCA Norte Amazónico, vemos importante transitar de una gestión reactiva a una cultura de prevención anticipatoria con base comunitaria, articulando a las Unidades de Gestión de Riesgos (municipales a través de los Sistemas de Alerta Temprana (SAT) comunales. Esta alternativa permite efectivizar una verdadera articulación entre las comunidades y las entidades territoriales autónomas (ETA), donde se organizan, toman decisiones oportunas, reducen los tiempos de respuesta y minimizan las pérdidas.

Trabajamos en la implementación de sistemas productivos sostenibles y diversificados, conforme a nuestra Propuesta Económica Productiva (PEP), que permite un desarrollo resiliente con un enfoque territorial y agroecológico con gobernanza ambiental. Este modelo de desarrollo productivo sostenible e instrumentos de gestión territorial, como los Planes de Gestión Integral de Bosques y Tierra (PGIBT), planes comunales, planes de gestión de riesgos, implementación de prácticas agrícolas sostenibles como el “chaqueo sin quema”, permiten mejorar la resiliencia en la agricultura familiar bajo un enfoque agroecológico que contribuye al bienestar ambiental.

Es importante implementar políticas públicas orientadas a superar problemas referentes a la agricultura familiar, relacionados con la degradación de suelos, pérdida de biodiversidad, deforestación, sequía, que sin duda no serán resueltos con políticas de desarrollo extractivas o plantas industriales que demandan materia prima a gran escala, que actualmente se encuentran inactivas en Pando. Es necesario fortalecer la agricultura familiar desde la vocación productiva a través de los frutos amazónicos y toda la cadena de valor.

Aportes y recomendaciones

- Es importante continuar con las acciones en gestión de riesgos, implementación de sistemas de alerta temprana (SAT), fajas cortafuego que mejoran la resiliencia en los sistemas productivos (diversificación) para mitigar los impactos negativos de los incendios forestales, las pérdidas de cultivos por los desbordes de ríos. Estas acciones tienen un co-beneficio debido a que también aportan a la gestión sostenible de recursos como el manejo forestal y la protección de fuentes de agua, la planificación comunal que refleja acciones en agua y riego. Las comunidades con acciones registradas muestran un enfoque cualitativo, donde la prioridad es la gobernanza ambiental, la prevención, la resiliencia y la mejora de los medios de vida. 

- Promover e impulsar prácticas agrícolas sostenibles como los “chaqueos sin quema”, facilitando programas de formación, asistencia técnica e intercambio de experiencias desde un enfoque agroecológico, que permita mejorar los suelos, garantizar agua, seguridad alimentaria y generación de recursos económicos.

- Implementar políticas públicas e incorporar en los planes de las ETA estrategias en innovación tecnológica en prevención anticipatoria, recursos humanos técnicos, inversión productiva para la restauración de sistemas productivos, transformación, comercialización y mercado. 


Bibliografía 

CENEPRED (2026). Informe Técnico: Estudio de escenario de riesgo ante el pronóstico de lluvia en la selva, marzo de 2026. Lima: Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres.

CIIFEN (2026). Boletín El Niño/La Niña en América Latina, febrero de 2026. Guayaquil: Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño.

CIIFEN (2026). Pronóstico Estacional para el Oeste de Sudamérica (febrero-abril 2026). Guayaquil: Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño.

NOAA/CPC/IRI (2026). Predicción Probabilística de Condiciones ENSO, enero 2026. Washington D.C.: National Oceanic and Atmospheric Administration / Climate Prediction Center / International Research Institute for Climate and Society.

SENAMHI (2026a). Boletín de Monitoreo Diario de Niveles. Actualizado al 4 de marzo de 2026. La Paz: Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología – Dirección de Hidrología.

SENAMHI (2026b). Boletín Agroclimático N°2/2026. La Paz: Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología – Dirección de Meteorología Agrícola.

SENAMHI (2026c). Predicción Climática. Boletín informativo de predicción climática para el trimestre febrero, marzo y abril 2026. La Paz: Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología.

SENAMHI, MMAyA, MDRyT, VIDECI (2026). Reporte Nacional de Sequías de Bolivia (Enero 2026). La Paz: Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología, Ministerio de Medio Ambiente y Agua, Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras, Viceministerio de Defensa Civil.

SENAMHI Perú (2026). Informe Técnico: Perspectivas climáticas para el trimestre marzo-abril-mayo 2026. Lima: Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú. 

Otros CIPCA Notas:

Plan Estratégico 2022 - 2027

Por una Bolivia democrática, equitativa e intercultural.

  • Organizaciones indígena originaria campesinas democráticas, autogestionarias e interculturales con ejercicio efectivo de derechos Desafío 1 Organizaciones indígena originaria campesinas democráticas, autogestionarias e interculturales con ejercicio efectivo de derechos
  • Desarrollo rural sostenible con enfoque territorial y agroecológico Desafío 2 Desarrollo rural sostenible con enfoque territorial y agroecológico
  • Territorios Indígena originario Campesinos con gobernanza ambiental y resiliencia Desafío 3 Territorios Indígena originario Campesinos con gobernanza ambiental y resiliencia
  • Institución con capacidad de propuesta e incidencia sobre desarrollo sostenible Desafío 4 Institución con capacidad de propuesta e incidencia sobre desarrollo sostenible