Cerrar

CIPCA Notas

Bolivia bajo el impacto de El Niño 2026: Sequía, incendios y los desafíos de un plan de prevención que aún no despega.

Bolivia bajo el impacto de El Niño 2026: Sequía, incendios y los desafíos de un plan de prevención que aún no despega.

Foto: CIPCA Norte Amazónico

Autor: Jean Carla Rivero - CIPCA Regional Norte Amazónico
Fecha: 31/07/2026

Introducción.

Bolivia comienza a arder, no solo por el fuego que ya consume miles de hectáreas de bosque en la Chiquitania, Chaco y amenaza con extenderse hacia la Amazonía, sino por la convergencia de factores que han creado el escenario perfecto para un desastre anunciado. El país atraviesa una de las transiciones climáticas más complejas de su historia reciente y las comunidades que habitan los territorios más vulnerables: campesinas/os, indígenas, mujeres y niñas/os rurales lo están viviendo en carne propia.  Quienes cultivan la tierra en los valles y el altiplano ven cómo las grietas se abren en el suelo sediento, cómo las fuentes de agua se reducen drásticamente y cómo los cultivos que alimentan a sus familias se pierden por el déficit hídrico. Los moradores de la Amazonía enfrentan una realidad igualmente crítica: los ríos, que en la temporada de lluvia amenazaban con desbordarse, ahora enfrentan una sequía hidrológica. Pando, Beni y el norte de La Paz son testigos de cómo la sequía y la humedad se alternan con una velocidad que no deja tiempo para la recuperación. Esta heterogeneidad no es casual, es la expresión de un clima que ya no responde a patrones predecibles, es el reflejo del cambio climático que se manifiesta con más contundencia cíclica. El Niño (también denominado superniño) tiene una intensidad que pocos anticiparon.

El océano Pacífico está expresándose, y lo hace con un lenguaje de calor intenso; las temperaturas superficiales del mar han alcanzado anomalías de hasta +3.5 °C, con picos de +6 °C en aguas subsuperficiales. Las proyecciones indican que el pico de El Niño se producirá entre octubre y diciembre de 2026, justo cuando la temporada de lluvias debería comenzar a aliviar la sequía. En lugar de alivio, el país se prepara para un escenario de alto riesgo: sequía prolongada, incendios forestales de magnitud creciente y una agricultura familiar en riesgo.

Frente a este panorama, el gobierno nacional ha desplegado un plan de prevención y respuesta a los incendios forestales que ha suscitado cuestionamientos debido a la brecha existente entre los anuncios y la capacidad operativa disponible. Bolivia ingresa a la temporada seca con recursos limitados para la gestión de emergencias: una reducida capacidad de reacción aérea, brigadas insuficientes para responder a eventos de gran magnitud y políticas de expansión productiva que, en determinados contextos, continúan generando presiones sobre los bosques. En este escenario, el plan de contingencia para enfrentar un posible evento de El Niño de intensidad fuerte, financiado con recursos nacionales y de la cooperación, plantea una interrogante ineludible: ¿Bolivia está preparada para enfrentar el desafío climático que se avecina?

El presente análisis busca aportar elementos técnicos para responder a esta pregunta a partir de las condiciones climáticas propias del escenario actual, sus implicaciones para la agricultura familiar y los medios de vida de las regiones más vulnerables, así como una valoración del alcance de las medidas adoptadas por el Estado. Más allá de evaluar la capacidad de respuesta frente a las emergencias, el documento sostiene que la reducción del riesgo a través de la prevención debe constituirse en el eje articulador de las políticas públicas y de las estrategias de desarrollo sostenible, especialmente en un contexto donde los eventos climáticos extremos dejan de ser excepcionales para convertirse en una condición cada vez más recurrente.

El regreso de El Niño: ¿Qué está ocurriendo en el Pacífico?

Durante el primer semestre de 2026, las aguas del Pacífico ecuatorial se han calentado a un ritmo acelerado, y los registros científicos confirman que estamos frente a un evento de El Niño de intensidad muy fuerte, comparable a los grandes eventos de 1997-1998 y 2015-2016. En el mes de junio de 2026, la temperatura superficial del mar en el Pacífico ecuatorial alcanzó valores por encima de lo normal. Esto significa que el océano está acumulando una cantidad de energía térmica que se liberará en forma de cambios atmosféricos, reflejados en la alteración de los patrones de viento, redistribución de las lluvias, aumento de temperaturas en tierra firme. Bolivia, por su ubicación geográfica, está en la línea de fuego de estos impactos.

El pronóstico del Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (CIIFEN) y la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) es muy claro; a nivel global, para el trimestre de octubre, noviembre y diciembre de 2026, nos encontraremos con una intensidad en el pico más fuerte de los efectos de El Niño. Esto significa que Bolivia se encamina hacia el pico de El Niño justo en el momento en que la temporada de incendios forestales alcanza su punto más crítico (agosto-octubre), y que las lluvias de la siguiente temporada (noviembre 2026-marzo 2027) estarán influenciadas por este fenómeno, con menos y abundantes lluvias.

Bolivia inicia una nueva temporada de incendios forestales

En la Amazonía y la Chiquitania, el fuego es recurrente; cada año, en la época seca, las quemas agrícolas y los incendios forestales dejan profundos daños, pero lo que está ocurriendo en 2026 genera mayor preocupación debido a las condiciones más acentuadas.  El Reporte Nacional de Sequías del SENAMHI (junio 2026) indica que el país entero entra a una etapa de sequía. El término de “seco” no tiene un sentido superficial, sino en profundidad. Las macroregiones del altiplano, los valles, Yungas-Chapare, la Chiquitania y sectores de la Amazonía presentan suelos extremadamente secos. Esto significa que la humedad del suelo está muy por debajo de lo normal, y que la vegetación, los árboles, arbustos, pastizales, tiene un contenido de agua mínimo.

La sequía implica que el material natural comburente está listo para los incendios. Cuando la vegetación está seca, arde con mayor facilidad, con mayor intensidad y con mayor velocidad, sin hacer falta una chispa grande.



Las condiciones atmosféricas y su pronóstico

El pronóstico del SENAMHI para este mes de julio, agosto y septiembre 2026 es alarmante, reporta “poca a 0 mm de lluvia” en todas las regiones críticas. Temperaturas máximas de hasta 36 °C. Humedad relativa que desciende hasta el 30 % en los valles de Tarija. Vientos del noroeste que pueden superar los 30 km/h en el Norte Integrado de Santa Cruz.

Los modelos de comportamiento del fuego desarrollados por el SENAMHI mediante la plataforma RISICO proyectan que la velocidad de propagación de un incendio puede oscilar entre 45 y 210 kilómetros por hora, dependiendo de las condiciones meteorológicas, la humedad de la vegetación y el tipo de combustible disponible. Para dimensionar la magnitud de este escenario, un incendio que avance a la velocidad mínima podría recorrer, en 45 minutos, una distancia equivalente a la que separa Cobija de El Porvenir.

La vulnerabilidad de los bosques, la biodiversidad y los medios de vida.

Los incendios de 2024 dejaron una lección dolorosa: ese año se quemaron millones de hectáreas en el país, se perdieron 476.030 hectáreas de bosques primarios por deforestación, el total más alto registrado, superando el máximo anterior de 2022 (245.177 hectáreas), que afectaron territorios indígenas, devastaron áreas de recolección de frutos como el cusi, asaí, castaña y cacao silvestre. Se emitieron 700 millones de toneladas de CO2, el mayor registro en lo que va de los últimos 20 años.

Estos incendios se concentraron en la frontera soyera del sudeste del departamento de Santa Cruz, con una expansión hacia el norte respecto a años anteriores, lo que indica una ampliación de la frontera agrícola. También hubo focos de incendio a lo largo de la frontera departamental entre Beni y Pando, y más cerca de la cordillera de los Andes en los departamentos de La Paz y Beni. Este año, el escenario es aún más crítico; si no se hace gestión, el 2026 puede ser un año aún más devastador.

La sequía no es solo un problema de falta de lluvia. Es también un problema de capacidad del suelo para retener agua; en Bolivia, esa capacidad se ha reducido drásticamente. La deforestación, los chaqueos y el cambio de uso de suelo han dejado una huella profunda. En la Amazonía, la Chiquitania y las Llanuras-Sabanas, grandes extensiones de bosque han sido convertidas en pastizales para ganadería o en campos de cultivo. Cuando se elimina la cobertura vegetal, el suelo queda expuesto a la erosión, se compacta y pierde su capacidad de absorber y retener agua. Cuando el suelo está degradado, las lluvias intensas no se infiltran; corren por la superficie, arrastrando sedimentos y generando crecidas repentinas. Esto es exactamente lo que está ocurriendo hoy en la Amazonía: los suelos secos y compactados no logran absorber las lluvias de los últimos meses, y el agua corre rápidamente hacia los ríos, elevando sus niveles y generando riesgo de desbordes.

El SENAMHI ha identificado cuencas con condiciones extremadamente secas en el Altiplano (ríos Mauri, Caquena, Desaguadero, Poopó, Coipasa), en los valles (Pilcomayo, San Juan del Oro, Bermejo), en la Amazonía (Beni, Abuná, Madera, Acre, Tahumanu) y en la Chiquitania (Curichi Grande, Itenez, Grande). En algunos de estos ríos, los niveles de agua están muy por debajo de lo normal, y los embalses como La Angostura, Totora Qhocha y Pachaj Qhocha están en niveles críticamente bajos. Esto implica que el agua para riego, para consumo humano y para la vida de los ecosistemas está disminuyendo y, cuando el agua escasea, la vulnerabilidad aumenta.


La sequía de suelos y la sequía hidrológica están directamente relacionadas con los incendios; cuando los suelos están secos, la vegetación también lo está, y cuando la vegetación está seca, se convierte en combustible. Este es un ciclo peligroso: la sequía alimenta los incendios, y los incendios, al quemar la cobertura vegetal, dejan los suelos aún más expuestos y degradados, lo que hace que la próxima sequía sea más severa. El clima no es un concepto abstracto cuando se vive en el campo. Para una familia que cultiva papa en el altiplano, que cuida ganado en el Chaco o que recolecta castaña en la Amazonía, el clima marca un ritmo y ello para 2026 está cambiando más rápido. Ante este fenómeno, las poblaciones quedan desconcertadas y requieren información.

El índice estandarizado de precipitación (SPI) es un indicador de la lluvia; muestra si está lloviendo más o menos de lo normal y con qué intensidad. Como se ha observado en el mes de junio de 2026 en Bolivia, este termómetro indica un déficit hídrico en el país, principalmente en las regiones como la Amazonía, las Llanuras-Sabanas, la Chiquitania, los Yungas-Chapare, el norte de los Valles y el Altiplano. En las regiones como en el centro del Chaco y en parte del Altiplano y los Valles, la situación es un poco menos crítica, pero sigue siendo seca. Es una sequía moderada, pero suficiente para afectar los cultivos y el pasto. Pero existe una excepción: en el sur del Chaco, el este de los Valles y el centro del Altiplano, el SPI muestra condiciones extremadamente húmedas. Es decir, mientras unas regiones se secan, otras están recibiendo más agua de la normal. Esta heterogeneidad es una de las características más desafiantes del clima actual: lo que ocurre en un lugar no es lo que ocurre en el otro. ¿Qué significa esto para las familias que viven de la agricultura familiar?  En muchas regiones, especialmente en la Amazonía, la Chiquitania y el Altiplano, la falta de lluvia ya está afectando los suelos y la vegetación. Los cultivos de yuca, plátano, arroz y papa están bajo estrés. La ganadería sufre por la falta de pasto y agua.

¿Cómo está la vegetación en nuestras regiones?

El Índice de Salud de la Vegetación (VHI) es como un chequeo médico para las plantas. Mide cómo la sequía y la temperatura están afectando el verdor, el crecimiento y la salud de la vegetación. En el mes de junio de 2026, el VHI muestra señales de alerta: Mala salud de la vegetación en las zonas de:

- El este de las llanuras-sabanas.
- El norte, este y oeste de la Chiquitania.
- El centro, este y sur de los valles.
- El sur, sur y oeste del Chaco.
- El norte y centro del altiplano.
- El norte y centro de los Yungas-Chapare.

Esto indica que en las regiones mencionadas, la vegetación, incluyendo pastos naturales, cultivos y bosques, está en malas condiciones; las plantas están estresadas, secas, con menor capacidad de crecer y producir, derivando en un impacto directo en la agricultura, la ganadería y la recolección de frutos del bosque.


Lo que esto significa para la agricultura familiar

Este escenario agroclimático no es solo un conjunto de números y mapas. Es una realidad que las familias campesinas e indígenas viven cada día. Y lo que nos dice es que:

- La sequía sigue siendo la principal amenaza en el Altiplano, los Valles y el Chaco; la falta de lluvia y el déficit de agua en el suelo ponen en riesgo los cultivos de papa, maíz, quinua y hortalizas. También afecta la ganadería, especialmente de camélidos y ovinos.
- Tenemos vegetación estresada, lo que afecta la producción de forraje para el ganado, la recolección de frutos del bosque y la salud de los ecosistemas.
- Las heladas son un riesgo latente en el Altiplano y los valles, lo que puede quemar cultivos y causar la muerte de crías de animales.
- Las quemas e incendios forestales siguen siendo una amenaza en la Chiquitania, Amazonia y las Llanuras-Sabanas, donde la vegetación seca y el viento pueden propagar el fuego rápidamente.
- La Amazonía, aunque con lluvias normales, enfrenta el riesgo de surazos (frentes fríos), temperaturas máximas altas, que pueden afectar la agricultura, la pesca y la recolección de castaña.

El plan de prevención del país, ¿una respuesta a la altura del desafío?

Frente a la magnitud de los desafíos descritos, el gobierno boliviano ha desplegado un conjunto de instrumentos normativos y operativos que buscan enfrentar la temporada de incendios. Sin embargo, un análisis detallado revela una brecha crítica entre el discurso de la prevención y la capacidad real de implementación. El gobierno ha impulsado la creación de la Coordinadora Nacional de Manejo Integral del Fuego, una instancia que articula el trabajo de instituciones públicas, cooperación internacional, organismos especializados y organizaciones de la sociedad civil. La estrategia nacional 2026 incorpora diez herramientas operativas que abarcan el monitoreo y la alerta de riesgos (con el SENAMHI), la comunicación interinstitucional, la formulación de planes operativos anuales, el fortalecimiento de plataformas de trabajo y la identificación de entidades operativas en campo.

Sin embargo, el plan de prevención enfrenta una limitación estructural: la escasez de equipamiento y recursos humanos. Bolivia llega a la temporada seca de 2026 con solo dos helicópteros disponibles para el combate aéreo de incendios forestales. El viceministro de Defensa Civil ha reconocido que “todavía no es suficiente (la capacidad)” y que las capacidades de descarga de las aeronaves entre 900 y 2.500 litros son insuficientes para la demanda nacional. Además, el plan se apoya en el monitoreo satelital y el uso de drones térmicos, herramientas valiosas pero que no sustituyen la capacidad de respuesta física, operativa. La coordinación interinstitucional y la cooperación internacional (con Brasil y Paraguay) son parte de la estrategia, pero su efectividad dependerá de la agilidad de los mecanismos de activación.

El plan de prevención se enmarca en un contexto de políticas productivas contradictorias. Mientras el gobierno impulsa la Coordinadora Nacional de Manejo Integral del Fuego y el COED de Santa Cruz penaliza las quemas ilegales, persisten normativas que incentivan la deforestación, como el Decreto Supremo 3973 y las leyes de “perdonazo” a desmontes ilegales, evidenciando cómo estas normativas (Leyes 337, 502, 739 y 741) han facilitado la deforestación y las quemas al perdonar desmontes ilegales y ampliar la superficie permitida para desmonte de 5 a 20 hectáreas. Esta tensión entre la promoción del agronegocio y la conservación de los bosques envía señales contradictorias y profundiza los riesgos.

En este escenario, Bolivia enfrenta un cruce de caminos; la evidencia científica es clara con El Niño 2026 más intenso que el de 2024, la sequía es generalizada y severa, y las condiciones atmosféricas actuales son altamente propicias para incendios de gran magnitud. No obstante, la ciencia también nos dice que aún hay margen para actuar, para prevenir, para reducir el impacto. El actual escenario climático exige pasar de la reacción a la prevención. No basta con responder cuando ya se producen incendios, inundaciones o pérdidas productivas. Se requiere fortalecer capacidades locales para anticiparse, monitorear riesgos y actuar con mayor oportunidad. Esto implica mejorar los sistemas de alerta, la articulación institucional y, sobre todo, reconocer el papel de las organizaciones territoriales, las comunidades y los gobiernos locales en la construcción de respuestas más resilientes, basadas en la prevención.

El CIPCA frente a los desafíos del cambio climático

El Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (CIPCA) acompaña desde hace más de cinco décadas a organizaciones campesinas e indígenas en la construcción de estrategias de desarrollo sostenible y resiliencia territorial. Bajo esta experiencia, la institución reconoce que la información agroclimática solo adquiere valor cuando se traduce en decisiones y acciones concretas en el territorio. En este marco, el CIPCA impulsa diversas acciones orientadas a fortalecer la capacidad de adaptación de las familias rurales, entre ellas:

-  Implementación de Sistemas de Alerta Temprana (SAT) comunitarios, que permiten anticipar y reducir los impactos de eventos climáticos extremos.
-          Promoción de prácticas productivas resilientes, mediante el establecimiento de sistemas agroforestales, el manejo sostenible de suelos y la diversificación de cultivos.
-          Fortalecimiento de capacidades locales, para que las comunidades cuenten con herramientas técnicas que les permitan tomar decisiones oportunas sobre la gestión de sus cultivos, sus sistemas pecuarios y sus recursos naturales.
- Incidencia en políticas públicas, promoviendo una respuesta estatal más efectiva, con recursos suficientes y mecanismos de prevención, preparación y atención frente a las emergencias derivadas del cambio climático.

Referencias

•CIIFEN – Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño.  (2026).  El Niño/La Niña en América Latina - Julio 2026.  https://ciifen.org
•CIIFEN.  (2026).  Pronóstico estacional para el oeste de Sudamérica - junio-agosto 2026. Guayaquil, Ecuador.  https://ciifen.org/escenarios-y-proyecciones/
•NOAA – National Oceanic and Atmospheric Administration / CPC – Climate Prediction Center / IRI – International Research Institute for Climate and Society.  (2026).  Predicción probabilística de condiciones ENSO, julio 2026. Washington D.C., Estados Unidos.  https://www.noaa.gov
•SENAMHI – Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología.  (2026).  Boletín de predicción climática para el trimestre julio, agosto y septiembre 2026. La Paz, Bolivia.  https://senamhi.gob.bo 
•SENAMHI.  (2026).  Boletín agroclimático n.º 07/2026. La Paz, Bolivia.  https://senamhi.gob.bo/index.php/agro_mensuales
•SENAMHI.  (2026).  Pronóstico de condiciones atmosféricas para propagación o disminución de focos de calor. 27-29 de julio 2026. La Paz, Bolivia.
•SENAMHI.  (2026).  Reporte Nacional de Bolivia.  D #380 - Junio 2026. La Paz, Bolivia.
•SENAMHI, MMAyA, MDRyT, VIDECI.  (2026).  Reporte Nacional de Sequías de Bolivia (junio 2026). La Paz, Bolivia.  https://senamhi.gob.bo
·       Bolivia.  Monitoring of the Andean Amazon Project.  (2025).  MAAP #229: Deforestación e incendios en la Amazonía 2024.  https://www.maapprogram.org
·         MAAP.  (2026).  MAAP #244: Deforestación e incendios en la Amazonía 2025.
· State of Wildfires 2024-2025 Bolivia.    Earth System Science Data. Met Office UK / 61 científicos globales.
·       Bolivia.  Weather Attribution.  (2026). (2025).  s de eventos climáticos extremos y El Niño 2026. 
· OIM – Organización Internacional para las Migraciones.  (2025).  El impacto de El Niño y La Niña en América Latina y el Caribe. Oficina Regional para América (2025).  a y el Caribe.  https://bolivia.iom.int/blogs/el-impacto-de-el-nino-y-la-nina-en-america-latina-y-el-caribe · https://www.bbc.com/mundo/articles/cvgz4dx1yeno

Otros CIPCA Notas:

Plan Estratégico 2022 - 2027

Por una Bolivia democrática, equitativa e intercultural.

  • Organizaciones indígena originaria campesinas democráticas, autogestionarias e interculturales con ejercicio efectivo de derechos Desafío 1 Organizaciones indígena originaria campesinas democráticas, autogestionarias e interculturales con ejercicio efectivo de derechos
  • Desarrollo rural sostenible con enfoque territorial y agroecológico Desafío 2 Desarrollo rural sostenible con enfoque territorial y agroecológico
  • Territorios Indígena originario Campesinos con gobernanza ambiental y resiliencia Desafío 3 Territorios Indígena originario Campesinos con gobernanza ambiental y resiliencia
  • Institución con capacidad de propuesta e incidencia sobre desarrollo sostenible Desafío 4 Institución con capacidad de propuesta e incidencia sobre desarrollo sostenible