
Autor: Armin Escobar Torrez y Luis Fernando Quispe Calle, CIPCA Norte Amazónico
Fecha: 25/02/2026
En el mundo rural, el carnaval no es solamente fiesta; es tradición ligada al calendario agrícola, a la abundancia y al simbolismo de la fertilidad de la tierra. En los valles y el altiplano, estas fechas marcan el comienzo de un nuevo ciclo productivo: la preparación del suelo y las esperanzas en la siembra; sin embargo, en el norte amazónico del país, esa imagen adquiere otros matices. La vocación del suelo es predominantemente forestal, pues es el bosque el que sostiene la economía y marca el calendario productivo regional; mientras en otras regiones se habla de siembra, barbecho y cosecha, en Pando y Vaca Diez el tiempo se mide en función de la zafra castañera.
Entre diciembre y marzo, la zafra concentra el mayor esfuerzo económico de la región: En este periodo suelen presentarse tensiones vinculadas al acceso al recurso y a las condiciones de comercialización. Si bien estas situaciones se expresan principalmente en el ámbito económico, también reflejan dinámicas sociales y territoriales que forman parte de la complejidad histórica del sector.
El debate anual en torno al precio de la caja de castaña pone en evidencia desafíos estructurales dentro de la cadena de valor, tales como la concentración del mercado, las asimetrías de información y la necesidad de fortalecer mecanismos de trazabilidad y transparencia. Estos elementos muestran la importancia de avanzar hacia políticas integrales que articulen sostenibilidad económica, estabilidad social y manejo responsable del bosque.
En este contexto, el carnaval en la Amazonía norte coincide con el momento de mayor intensidad de la zafra. Para muchas familias, la prioridad es asegurar ingresos en un escenario económico adverso, marcado por inflación, incertidumbre y debilitamiento del poder adquisitivo. El carnaval pasa a segundo plano porque lo urgente es trabajar en el bosque; la fertilidad aquí se evidencia en la cantidad de “cocos” de castaña que prometen sostener la economía familiar en un escenario político y económico cada vez más complejo.
En diciembre de 2025, tras un periodo de conflictividad en Pando y Beni, campesinos e indígenas lograron que el Gobierno levantara restricciones vinculadas a la exportación de la castaña en cáscara (RA ABT Nº 074/2022)[1]. Asimismo, en Riberalta, organizaciones de zafreros, sector empresarial y el Ministerio de Trabajo alcanzaron acuerdos referidos al precio de la caja. Sin embargo, las variaciones posteriores en el mercado han generado nuevas preocupaciones entre los actores involucrados.
En este escenario, se plantean distintas propuestas: por un lado, alternativas de comercialización orientadas a mejorar el ingreso del productor; por otro, iniciativas normativas destinadas a fortalecer la industrialización nacional y preservar el valor agregado interno[2]. El desafío central consiste en evaluar en qué medida estas propuestas contribuyen al fortalecimiento integral de la cadena y a una distribución más equilibrada de beneficios.
Históricamente, desde la economía de la goma hasta el actual modelo basado en la castaña, los distintos actores del territorio han ocupado posiciones diferenciadas dentro de la cadena productiva (Escobar, 2024) [3]. El proceso de titulación de tierras presentó un avance significativo; no obstante, la consolidación de una gobernanza ambiental con participación equilibrada continúa siendo un proceso en construcción. En este marco, el fortalecimiento de capacidades técnicas, organizativas y comerciales del sector campesino e indígena sigue siendo un aspecto relevante.
Por su parte, el sector privado ha desarrollado una inserción sostenida en los mercados internacionales, contribuyendo a que Bolivia mantenga un posicionamiento destacado como el principal exportador mundial de castaña durante las últimas décadas. Esta trayectoria responde tanto a inversiones económicas como a capacidades organizativas acumuladas en el tiempo.
Otro actor presente en la dinámica territorial es el sector barraquero, que ejerce derechos reconocidos sobre el usufructo del bosque. Su participación forma parte de la configuración histórica del territorio y de las relaciones productivas vigentes.
En conjunto, estos elementos muestran la necesidad de continuar fortaleciendo los espacios de articulación público-privada y comunitaria, con el fin de consolidar una gestión sostenible del recurso forestal.
Un aspecto que adquiere creciente relevancia es la variable climática. Reportes del SENAMHI y análisis especializados prevén, a partir de marzo de 2026, una disminución de las lluvias y un periodo seco más intenso que el registrado en 2025. La relación entre fenómenos climáticos como El Niño y la productividad de la castaña ha sido estudiada anteriormente (Peralta, 2017)[4] y hoy cobra mayor importancia, lo que plantea la necesidad de profundizar la investigación y las estrategias de adaptación.
En la presente gestión, la productividad de la castaña muestra indicadores superiores a los registrados en la zafra anterior. No obstante, la dependencia de esta actividad como principal fuente de ingresos expone a muchas familias a la volatilidad de precios y a las condiciones climáticas. La limitada diversificación económica y las asimetrías de información dentro de la cadena influyen en su capacidad de negociación.
En el actual contexto, resulta pertinente promover espacios de diálogo técnico y de reflexión conjunta que permitan abordar de manera estructural los desafíos de la cadena de la castaña y del manejo sostenible del bosque amazónico. La construcción de acuerdos de mediano y largo plazo, con participación de todos los actores, se constituye en un elemento clave para fortalecer la estabilidad económica regional y la cohesión social.
Desde su rol como institución de la sociedad civil, el CIPCA reafirma su compromiso con la generación de información, el análisis y la formulación de propuestas orientadas al aprovechamiento sostenible del territorio y sus recursos forestales. Mientras en otras regiones esta época es principalmente festiva, en la Amazonía norte el bosque y la zafra marcan el ritmo de la vida económica y social, reflejando una realidad que merece atención integral y sostenida.
Referencias
[1] La finalidad de la Resolución Administrativa de ABT N.º 07/2022, emitida por la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierra, fue la de prohibir la exportación de castaña en cáscara, con el objeto de regular la comercialización de la castaña a empresas extranjeras, favoreciendo a la cadena productiva local.
[2] Proyecto de Ley que impulsa la industrialización de la castaña en territorio nacional, impulsado por el senador Erick Soruco Alpire del PDC y como representante de la bancada parlamentaria del Beni. La inversión para generar valor agregado en la castaña es liderada por el sector empresarial (CADEXNOR); sin embargo, en el pasado hubo acciones incipientes por parte de organizaciones campesinas: CAIC y COINACAPA Ltda., quienes fueron lo más cercano a inversiones por parte del sector campesino e indígena. La última referencia hasta 2024 es SEFENBO en el marco del comercio justo de productos orgánicos.
[3] https://cipca.org.bo/publicaciones-e-investigaciones/cartillas/castana-organica-lecciones-aprendidas-desde-la-mirada-campesina
[4] https://cipca.org.bo/analisis-y-opinion/cipca-notas/las-causas-y-tendencias-de-la-crisis-de-la-castana
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