Artículos de opinión

Los pueblos indígenas y campesinos, más allá del FOSPA

Los pueblos indígenas y campesinos, más allá del FOSPA

Foto: Rio Televisión

Autor: J. Augusto Yañez Vargas - Unidad de Acción Política
Fecha: 20/06/2024

El devenir de la historia ha confirmado que el ser humano es el animal más depredador del mundo. Sin embargo, esta afirmación, pese a tener una gran parte de verdad, incluye excepciones, de aquellas que identifican a la gran parte de la población que, con el cambio generacional, va aumentando su conciencia ambiental y de supervivencia ante las condiciones actuales. Estas luchas y resistencias tienen diferente magnitud y alcance, pasando por quienes evitan botar la basura en la calle o reutilizan el agua; hasta quienes conforman colectivos u organizaciones que luchan en conjunto por los Derechos de la Madre Tierra mediante el activismo. 

No obstante, pese a estos valiosos esfuerzos individuales y colectivos-comunitarios el sistema capitalista continúa devorando los medios de vida de los pueblos indígenas y campesinos, habiendo devenido estos en recursos naturales, desde una lógica extractivista y consumista que aporte al crecimiento del capital para unos pocos. A esto se añaden las políticas públicas que, desde los gobiernos, por lo general, se suman a estos intereses, desviando la atención de estas complejas e irreversibles problemáticas, que tienen que ver con la subsistencia misma de la humanidad en la tierra, hacia discusiones triviales y esporádicas. Este es el panorama actual, que marca el tiempo de manera regresiva ante futuros distópicos que, anteriormente, solo podían ser pensados en la genialidad de autores como Orwell, Huxley o Saramago, pero que ahora se tornan realidades entre rumores apocalípticos del fin de los tiempos.

Dentro de este panorama, se van impulsando espacios sugerentes, quizá no suficientes, para lograr articulaciones mayores que reúnan diferentes voces y experiencias que vengan desde contextos diferentes, pero no alejados. Entre estos, podemos hablar del Foro Social Panamazónico (FOSPA), que en el presente año tuvo su onceava versión en Bolivia. En este espacio se pudo discutir problemáticas diversas que se distribuyeron en cuatro grandes ejes: Pueblos indígenas y poblaciones amazónicas, Madre Tierra, Extractivismo y alternativas y Resistencias de las mujeres, llegando a sumar 16 grupos de trabajo con temas más específicos dentro de dichos ejes. Así, este Foro de alcance internacional tuvo diferentes etapas donde podemos destacar los pre-FOSPAs dentro de los países participantes, que permitieron ir construyendo y posicionando propuestas desde cada espacio territorial, incluso más allá de las fronteras nacionales, y más bien con una proyección panamazónica surgidas desde problemas y realidades compartidas. En la realización misma del FOSPA, fueron importantes los aportes de construcción colectiva de las proyecciones para la integración de los pueblos desde la resistencia a las problemáticas que vienen afectando a las naciones y pueblos indígenas de esta parte del continente, con un impacto mundial, encubierto como daño colateral. En los tres días y medio de trabajo se logró consolidar una serie de propuestas y declaraciones dentro de lo que se denominó Mandato emergente de jornadas de intercambio dentro de los 16 grupos de trabajo, junto a otras actividades como los eventos autogestionados, iniciativas de acción y, con mucha repercusión, las visitas in situ que aportaron al intercambio de experiencias desde las comunidades y las vivencias de cada lugar, desde las voces en primera persona. Con lo mencionado, el XI FOSPA ha concluido con la difusión del Mandato y el retorno de las delegaciones a sus diferentes lugares de origen, dentro y fuera del Bolivia retomando el cotidiano ante las adversidades productivas, climáticas y sociales, entre otras, en el mejor de los casos acompañados por plataformas, instituciones u organizaciones de la sociedad civil. 

Entonces, queda la incógnita de las acciones y realidades que se presentan en el tiempo más allá del FOSPA. Es ahí donde nuevamente surgen las voces propias desde las demandas comunitarias ante los Estados que no requieren de espacios más grandes, sino de las luchas históricas que, como se dice, llevan más de cinco siglos igual. No obstante, en este tiempo se tiene una diferencia abismal, el factor climático, que es una amenaza latente y contra reloj, habiendo pasado de ser, en pocos años, cambio a crisis. En este contexto, resulta fundamental la experiencia ancestral de los pueblos que ha mantenido, por varias generaciones, formas de manejo sostenible y amigable con el territorio y el medio ambiente; por su parte resulta determinante el aporte que estos hacen a aspectos elementales como la seguridad alimentaria mediante la subvención a las ciudades, lo cual, obviamente, no tiene ningún reconocimiento desde las urbes, posiblemente por el desconocimiento de esta relación desigual entre campo y ciudad. Ignorando al aporte que se hace desde la provisión de alimentos que permite la producción y reproducción del sistema.

Con lo mencionado, es tiempo de que todas y todos, sobre todo desde las ciudades, empecemos a girar la mirada hacia los espacios rurales donde podremos encontrar esa sabiduría ancestral y comunitaria o del bien común que rompe con nuestras lógicas egoístas e individualistas, concordantes con el capitalismo y consumismo salvaje, gran cómplice de la crisis actual. Es tiempo de recuperar esta lógica de comunidad que nos permita entender las relaciones sociales como un interés compartido para proyectar la horizontalidad como principio de vida, el cual permita desterrar problemas como el racismo, discriminación, desigualdades y violencias. Este viraje de la mirada, debe permitirnos volver a las comunidades, no textualmente sino, desde un compromiso social para la construcción de estructuras comunales en campo y ciudad apostando por un cambio de sistema y matriz civilizatoria. Por tanto, el FOSPA, también, debe constituirse en un pretexto para conversar, empezando de la interpelación, primero, personal y, luego, colectiva, respecto de las acciones que asumimos día a día, en el espacio más privado e íntimo hasta el accionar que tenemos en ámbitos públicos, más aún si lo hacemos desde el poder. Encontrándonos en la segunda década del siglo XXI, están claros los problemas importantes que se deberían estar debatiendo y, sobre todo, planteando respuestas inmediatas; lamentablemente los intereses y las pugnas parecen ser otras, más cerca de continuar exacerbando el individualismo retrógrado en verdes y colorados. A manera de paradoja, mientras se escriben estas líneas, la crisis climática sigue profundizándose, los incendios forestales están vigentes y la contaminación del agua continúa, sumando condiciones adversas para una realidad global en ciclos interrelacionados donde la afectación será para todas y todos, sin ningún derecho a réplica.

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