
Ilustración: Cecilia Peñaranda del Carpio
Autor: Cecilia Peñaranda del Carpio - Socióloga
Fecha: 12/03/2026
¿Es la maternidad, entonces, la enemiga de los sueños femeninos?; perdón, reformulemos ¿por qué, para la mayoría de las bolivianas, ser madre significa hacerlo solas, sin apoyo y en trabajos que apenas alcanzan para sobrevivir? La realidad es mucho más ingrata que cualquier declaración y mirar datos siempre aclara las perspectivas.
Cuando salieron los resultados del Censo Nacional de Población y Vivienda (CNPV) 2024, este fue el dato que llamó más la atención: la tasa de crecimiento poblacional en Bolivia era negativa (es decir, había un decrecimiento). Entre 2001 y 2012 el crecimiento avanzaba a un ritmo del 1,7% anual, mientras que entre 2012 y 2024, la tasa cayó al 1,1%. A Raíz de esta cifra, rápidamente se concluyó que las bolivianas tenemos menos hijos; punto. Pero la lectura de este dato no puede ser ingenua. La pregunta que debemos hacernos no es solo cuántos hijos menos tenemos; sino, por qué ocurre esto o en qué condiciones tenemos los que tenemos. Porque cuando cruzamos este dato con la estructura de hogares y el mercado laboral, muchas cosas cobran sentido: la maternidad en Bolivia se encara en soledad y precariedad.
Otro dato importante que nos dejó el Censo es que las mujeres estamos postergando la maternidad. La caída en los nacimientos de madres jóvenes (-26% en el grupo de 20 a 24 años) y el aumento en el grupo de 30 a 39 años (+15%) demuestran que la postergamos para estudiar, para formarnos y encarar de otra forma el mercado laboral: hoy, las mujeres con educación superior (34,2%) superamos a los hombres (32,5%). En las ciudades, la brecha se mantiene: el 42,6% de las mujeres urbanas tiene formación universitaria o técnica, frente al 41,5% de los hombres. El problema es que este logro educativo, esta inversión de años en "cumplir sueños", choca de frente contra la estructura laboral. Porque el Censo también revela que, a pesar de ser más, y estar mejor preparadas, las mujeres siguen ocupando determinados espacios, ya sean subalternos, de sub empleo o de informalidad.
Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de los CNPV 2024.
El 34,4% de las trabajadoras se concentra en servicios y ventas, prácticamente el mismo porcentaje que en 2001 (29,4%). Y ojo, ha habido movimientos, pero no necesariamente hacia arriba. Las mujeres disminuimos en el sector de trabajo no calificado (bajamos del 17,1% al 8,1%) ¿y adónde nos fuimos? Al sector servicios. También avanzamos en profesiones científicas e intelectuales (del 8,9% al 13,2%). Pero la cifra de los puestos de dirección, retrocedió: en 2001 las mujeres ocupábamos el 1,5% de las gerencias; en 2024, somos el 0,8%. Es decir, podemos prepararnos académicamente todo lo que queramos, pero el mercado laboral nos tiene asignado, en su mayoría, un puesto en el comercio informal, de limpieza o de atención al cliente. ¿Y qué tienen en común esos trabajos? Que son flexibles, que permiten llegar tarde, salir temprano, llevar al hijo/a enfermo/a o pedir permiso para la reunión del colegio. En un país sin guarderías públicas y con padres ausentes (ni hablar de políticas públicas de corresponsabilidad de cuidado), la maternidad nos empuja a la precariedad. No es que "no queramos" cumplir sueños de dirección o gerencia; es que la estructura social-laboral nos "castiga" por ser madres.
Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de los CNPV 2024.
Pero si hay un dato del Censo que debería avergonzar a la sociedad boliviana, es el de la composición de los hogares. Cuando una mujer es jefa de hogar, el 32,9% de los casos es monoparental: cría sola a sus hijas e hijos. No hay una pareja compartiendo la corresponsabilidad, no hay un padre que llegue después del trabajo a cumplir con las tareas o a calentar la cena (calentar, no cocinar). Hay una mujer que trabaja y regresa a casa para hacerlo todo: la comida, la limpieza, la crianza… hasta el cariño. En cambio, cuando el jefe de hogar es hombre, solo el 7,1% de los casos es monoparental. Es decir, los hombres crían solos siete veces menos que nosotras. Y aquí es donde la caída de la tasa de natalidad se vuelve comprensible, las bolivianas tenemos menos hijos no solo porque "estamos cumpliendo sueños", sino porque sabemos que, si los tenemos, lo más probable es que terminemos criándolos solas.
Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de los CNPV 2024.
Pero no solo cuidamos a nuestras/os hijas/os, en muchos casos, las tareas de cuidado se extienden. Cuando una mujer está al frente de una familia, es mucho más probable que en su casa vivan también otras/os parientes: su madre/padre ancianos, sus sobrinas/os, sus hermanas/os. El 26,7% de los hogares con jefatura femenina son extendidos, frente al 20,8% de los hogares con jefatura masculina. ¿Qué significa esto? Que nosotras nos convertimos en la red de protección social y de cuidados que el Estado no ofrece. Somos nosotras las que cuidamos a madres/padres adultas/os mayores, a sobrinas/os. La maternidad se multiplica y se extiende más allá de los hijos propios.
En el área rural, la realidad es aún más despiadada: el 15% de las mujeres no tiene ningún nivel de instrucción y solo el 13% alcanza la educación superior. Para ellas, el debate sobre "no ser madre para cumplir sueños" ni siquiera existe. El "sueño" individual, en ese contexto, es un privilegio que la solidaridad familiar obligada no permite imaginar.
Ante estas condiciones, hay ciertas bolivianas que estamos diciendo "no" a la maternidad (otras posiblemente no tienen el privilegio de hacerlo). Tal vez no queremos una maternidad llevada en soledad, con precariedad y sobrecarga, o tal vez, simplemente no queremos hijas/os. El desafío es construir las condiciones para que, si decidimos serlo, la maternidad no signifique un castigo laboral, una condena a la pobreza o una vida de sacrificio. Y en cuanto decidamos no serlo, podamos transitar ese camino dignamente. Si los hombres no se vuelven corresponsables y el Estado no genera políticas públicas que acompañen a las mujeres, esta tendencia irá en aumento.
Las opiniones expresadas en los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente la posición institucional del CIPCA.
Artículos de opinión
La formación del pensamiento crítico, un desafío estructural para el desarrollo de Bolivia
Artículos de opinión
Ley 157 quebranta la inembargabilidad y la indivisibilidad de la pequeña propiedad agraria
Artículos de opinión
Proyecto de Ley 157: ¿una transición desde un régimen agrario de protección social hacia uno de mercado?
Artículos de opinión
Liderazgos territoriales y elecciones subnacionales de 2026
Artículos de opinión
Paternidad revisitada, es tiempo de mirarnos ante el espejo
Artículos de opinión
La financiarización del despojo: la ley 157 y la conversión agraria de la pequeña propiedad
Por una Bolivia democrática, equitativa e intercultural.
Desafío 1
Organizaciones indígena originaria campesinas democráticas, autogestionarias e interculturales con ejercicio efectivo de derechos
Desafío 2
Desarrollo rural sostenible con enfoque territorial y agroecológico
Desafío 3
Territorios Indígena originario Campesinos con gobernanza ambiental y resiliencia
Desafío 4
Institución con capacidad de propuesta e incidencia sobre desarrollo sostenible