Medios cruceños: ética vs. Mercantilismo

Leila Cortez Pérez, CIPCA Santa Cruz (No. 89)-Santa Cruz
Domingo, 13 Marzo 2005

Todavía las bolivianas y bolivianos estamos viviendo las repercusiones de una serie de movilizaciones -bloqueos, paros cívicos, toma de instituciones del Estado, huelgas de hambre, etc.- como las ocurridas más recientemente, las de El Alto, las de Santa Cruz y del Chapare. Más allá del análisis social, político, económico y cultural sobre estos hechos, quiero referirme al rol de los medios de comunicación.

El periodismo cruceño, como cualquier otro, actúa bajo el paraguas de la ética, el equilibrio y la veracidad. Sin embargo, durante la crisis de enero al parecer estos principios quedaron en las gavetas de las mesas de redacción. Una arrolladora posición casi militante a favor del movimiento cívico cruceño no pudo ser disimulada por la mayoría de los medios, en especial, los televisivos. Por eso, nadie puede negar que durante las movilizaciones cívicas, el papel de de los medios informativos en general fue fundamental. Javier Restrepo, periodista colombiano especializado en ética periodística, sostiene “Tenemos que creer en el poder de la palabra y de la información para ser periodistas responsables”. ¿A qué contribuyó el periodismo cruceño durante los conflictos de enero? ¿Hacia dónde canalizó ese poder? ¿Dónde quedó el equilibrio?

La lógica mercantilista en la que actualmente se mueven los medios de comunicación, ha subordinado a los principios periodísticos y los conflictos de enero fueron una muestra palpable, los medios cruceños no pasaron la prueba de la ética y tomaron posición. Lo que ocurrió encuentra explicaciones en un análisis del Grupo de Comunicadoras del Sur que dice que los medios de comunicación se ‘descomprometieron’ de las demandas y reflexiones de los grupos sociales. Esta posición ha hecho que los medios respondan a intereses privados y mantengan complicidades con los intereses desde el poder, ha hecho desaparecer las posibilidades de construir el derecho de las personas a participar, opinar y evaluar la información que recibe. Este modelo hizo de los medios un sistema excluyente y hermético, sin canales de intervención ciudadana.

Una de las primeras reglas del periodismo es que no se debe creer a una sola fuente, se debe buscar más voces para ratificar la información. Restrepo al respecto dice: “Una información deja de ser buena cuando recurre a una sola fuente. Por lo tanto, la información procedente de fuentes múltiples y diversas es la ideal, es la que estamos llamados a buscar”. Partamos de esas premisas para referirnos al trabajo de los medios locales, nos mostraron una “cara de la moneda”, una sola voz, la de los cívicos; vimos los mismos rostros, dirigentes cívicos y de los gremios empresariales quienes daban sostén a las movilizaciones, matizaron con la cara de algún dirigente social como el ejecutivo de COD, el de FEJUVE o el de la universidad pública, todos ellos sin mayores aspiraciones que las de mantener sus propios liderazgos. La ciudadana o ciudadano común no apareció para emitir su opinión, menos vimos o leímos a otras fuentes con otros puntos de vista. Entonces la ‘desinfomación’ fue el común denominador. Los datos, la contextualización y los antecedentes se manipularon, pues provenían de un solo lado, de una sola gama de analistas que rotaban por los canales de TV, y ¿la gente? Los y las periodistas deben pensar en la necesidad de la gente a la hora de informar; Restrepo indica “los periodistas nos acostumbramos a ver los hechos desde arriba y no desde abajo. Desde los generales, los ministros, los altos mandos y dejamos por fuera a la gente. La mirada desde arriba hace que se deforme la realidad. Hay que complementar, se necesita que hablen todos. La realidad no se capta haciendo entrevistas sino haciendo contacto permanente con la gente. La información debe construirse desde la gente”. Y esto es justamente lo que NO hicieron los medios informativos, con raras excepciones.

Es probable que muchos/as periodistas estén preocupados por la ética, pero se sienten frustrados/as porque tienen que escoger entre la ética o conservar su trabajo, un empleo muy venido a menos últimamente, no sólo por las precarias condiciones laborales, también porque los sectores sociales empiezan a pasarles la factura; no por nada se suele ver que en las manifestaciones sobran insultos para algunos medios o que sus periodistas son agredidos ¡Un punto al que nunca debimos llegar!

En tiempos de conflicto es cuando la población necesita más de los medios para saber qué está pasando y la prensa debe dar respuesta responsable porque su rol esencial es contribuir a la construcción de la democracia y no a resquebrajarla como ocurrió en enero en Santa Cruz o en otras crisis. ¿Por qué entonces indígenas, campesinos, gremiales y personas de a pie no aparecen en los medios en su calidad de ciudadanos/as?. El mejor aporte del periodismo a la democracia es alentar espacios de encuentro, acuerdos y concertación.

(*) Comunicadora

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